La segunda canción de mi mp3
No suelo llorar con facilidad y menos viendo una película. Puedo llegar a emocionarme, si, pero no hasta este punto. Pero también tengo “mi debilidad”, quizás en una película en la que pocos lloran: Mary Poppins.
Ya desde el momento que la vi siendo muy pequeña, las lágrimas vinieron a mis ojos de forma irrefrenable en la escena donde se canta esta canción. Mary, la niñera, se la canta a los niños que cuida en el momento de acostarse. Es la historia de la anciana vendedora de comida para pájaros que desde las escaleras de la catedral de Saint Paul en Londres pide a los transeúntes que les compren sus bolsas de alimento para ellos.
Ya sea por la canción en sí, pero más que nada por las imágenes, no puedo evitar el llanto. Luego, con el tiempo me di cuenta del porqué: los ancianos siempre me han producido una gran ternura. Se que normalmente el recurso para provocar la pena o el sufrimiento en una película es poner un niño en peligro ante cualquier catástrofe, hasta que al final un “alma caritativa” acude al rescate. Claro que me duele que un niño sufra, pero al final siempre pienso que tiene una vida por delante, incluso un brillante futuro. Pero un anciano ¿qué tiene?, solo recuerdos. Su futuro es bien precario: solo “descontar días”. Y lo peor de todo es que a veces lo hacen en la más completa soledad. Olvidados por las personas a quienes dedicaron su vida, sus cuidados y que ahora les consideran una molestia, un “trasto” que dejar abandonado. Triste ¿no?. ¿Será por ello que esta imagen siempre me hizo llorar?, sí, creo que así es. Creo que ya cuando la vi de pequeña percibí la soledad de esta anciana dama, que tenia a los pájaros como únicos amigos y por ellos mendigaba 2 peniques por una bolsa de migas de pan
Y como tributo a ella, siempre que he ido a Londres me he fotografiado en el preciso lugar donde vendía su mercancía. Yo no la he olvidado.
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